19 enero 2009

A mamá

Sonríes, como la vez que entró aquel pajarillo a la tienda y borró la incertidumbre con su canto. ”Nos trae una buena noticia”, dijiste. Y sí, había ingresado a la Universidad.

Antes lo hiciste al verme correr, disparar el disco o la jabalina, e incluso al presenciar como arruinaba una coreografía salsera en el colegio. También, cuando te conté alguna actuación de la banda en Barranco, con mis desencajadas letras y mis obscenas políticas.

Al verme emocionado por un nuevo texto, un nuevo ensayo, un nuevo poema. Siendo testigo del nacimiento de mis pequeñas hijitas, como yo les llamo a las palabras. Emocionando tus ojos y tu voz de terciopelo.

O cuando venían mis amigos. “Ya vienes a chupar”, le decías al ‘Chato’ entre risas. Y yo disfrutaba esa complicidad irónica y afilada que los unía, esa perpetuidad para tener la palabra justa en la boca. Ayer mismo, mamita, él me lo recordó.

Te he visto ser en tus sobrinos y en tus hermanos, en la gente que te iba a pedir una lámina que tuviera TODO. Y sí, la encontrabas. Te he visto en cada regalo que no sólo envolvías, sino también creabas. Cuando ponías la mano, el hombro, el cuerpo entero, el alma misma.

Creer a pesar de decir que no: amar a la familia a los propios y extraños. SER FUERTE. Sí, SER FUERTE y sonreír a pesar de las injusticias que a veces nos trae la vida. Quizás por eso me volví un cronopio, ahora veo que antes que Cortázar, tú me enseñaste a ser justo con la felicidad.

Hoy lo hago, Normita. Porque ahora estoy fuerte, y aunque tal vez en algún momento me desmorone, me pondré de pie, porque tu ejemplo y TÚ MISMA VIVEN EN MÍ.

Gracias por darme lo que quise y por no hacerlo, cuando no lo merecía. Por enseñarme a trabajar, querer y a estar ausente. Por confiar en mis talentos a pesar de mis propias dudas, por decirme quién soy cuando lo olvidaba.

Elijo recordarte como hace unas semanas en tu cumpleaños. Reponiéndote del dolor y saliendo a pasear, dejando que te muestre mis rincones, mis parques, mi mar. Saboreando de antemano esa ‘Tentación de coco’, conversando como una chiquilla con Esther, Lenia y las demás.

Siempre quisiste ver a la familia unida, como debe de ser. Doy gracias porque eso fue lo que viste y lo que sigues espectando hasta hoy.

Pero mamá, tú eres más que regalos y consejos. Más que un ají de gallina o una crema de rocoto, más que mi contadora oficial o la reina del cable y las maquinitas.

MAMÁ, FUISTE MI EJEMPLO, y no sólo el mío. Me constó siempre, lo compruebo hoy. ¿Y sabes qué? Es riquísimo saber que todo lo que te diga quedará corto ante quien fuiste en realidad, porque no necesitamos mentir o exagerar, como se suele hace en estos casos.

“Nada del aire nada de ti en una eterna pausa”, era mi haiku preferido, pero NO TE HAS IDO MAMÁ! NO TE HAS IDO! Y aunque quizás me quiebre puedo asegurar que muy pronto le darás Play a este poema.

Mamá, te quiero, desde lo más hondo. Sé que es cantidad y en calidad. Gracias por hacerme el hombre que soy, por seguir esa tarea aún con tu partida de este mundo en 3D, por no permitir que la sonrisa desaparezca, aunque la traviesa salga a pasear de cuando en cuando.

Terminando de escribir esta, que no es mi última misiva hacia ti, me dirigiré a la sala para ver tu sonrisa. Abrazaré a Minos y me alegraré por ti, viéndote en tu descanso, como un tonto.

Desde que aquí te mando un perpetuo y ubico arverso, como la verdad misma. Un arverso es para los que no saben un abrazo mezclado en verso que termina en beso. Por eso es eterno, porque es para ti mamá. Mi maestra, mi ejemplo, mi primera fan.

Nota: El lunes 26 de enero será la misa por el mes de su partida.

1 comentario:

Azucena dijo...

Te felicito por ese reconocimiento que haces de la valía de tu madre, pero la bendigo a ella porque fue capaz de formar en tí, esa capacidad de valorar, amar y expresarte como lo haces, sabes ese es un don que hoy en día no se ve, no se despierta o no se sabe cual es el secreto para tenerlo
No olvides que ella siempre estará presente en tu vida, más cerca, mucho más cerca
Que Dios te bendiga