30 junio 2007

Doña Meche, aquella noble pandillera

María Mercedes Góngora ha ganado seis concursos de baile de la pandilla, tradicional en toda nuestra selva. Hoy transmite a los jóvenes las costumbres moyobambinas, que guarda frescas e intactas.

Tiene las manos curtidas por los años, sus brazos son delgados y su estatura es mediana. Luce un hermoso vestido que habla de un tiempo mejor y conserva la altivez de una noble cuando mira o se dirige a los demás. María Mercedes Góngora es la estampa viva del folklore de Moyabamba, y en esta ocasión no solo el nombre es de novela.

Doña Meche ha tenido doce hijos, cinco de los cuales han muerto, uno incluso dentro de ella, en pleno parto. Recuerda a cada uno con cariño, los nombra con diminutivos e hilvana una sonrisa talvez resignada pero mucho más sabía al compás de sus palabras, poco después de haberlo hecho con los pies, haciéndonos el favor de recrear el baile típico de la pandillada.

Acabamos de presenciar la fiesta de San Juan y en ella muchas parejas hicieron gala de temple, bailando a lo largo de 5 kilómetros y durante más de siete horas, con la sonrisa en los labios y el fuego en los pies. Pero ella no duda en asegurar que hoy la pandillada no se baila como antes, que a pesar de enseñar a muchos jóvenes pandilleros, ellos difícilmente entienden y aceleran mucho el ritmo.

“No agarran el compás, corren. No tienen cambio de paso. Van demasiado rápido, la pareja debe de llevar el mismo compás”, asegura esta voz de la experiencia que ha ganado seis concursos de baile de pandillas y para muchos es la estampa viva del folklore de Moyabamba.

No gratuitamente brinda clases a los jóvenes pandilleros en el Club Emilio San Martín, en donde de seguro es más que exigente. Pero no solo ahí se le encuentra, también en el restaurante “El Batán” de Moyabamba, propiedad de su familia.

ESO QUE NO TIENE NOMBRE. Justamente, fue a la hora de la cena cuando nos dimos con ella. Ese día el juane nos había caído mal y la cabeza nos paraba de darnos vueltas, incluso la cama complotó contra nosotros, pero teníamos cuatro horas para descansar, durante las cuales no dormimos pero sí fuimos martirizados por las nauseas. Por ello, no probamos la cena.

La aparición de la señora María Mercedes fue inesperada. Fueron sus palabras ordenadas, sincopadas y dulcemente arrugadas, las que nos convencieron de que el postre era ella, su legado, y ese no se qué llamó a nuestra sonrisa y le ordenó que se quedara escuchando.

Doña Meche tiene 83 años, es viuda y ha vivido muchas alegrías y tristezas, pero la fuerza que tiene para bailar –durante los 20 minutos de la improvisada sesión de fotos- nos firman una postal entrañable, como su nombre, como su voz. “¡Muchachito lindo! Que Dios te cuide y cargue de bendiciones en el trabajo, en la salud, en tu hogar y en tu caminar”.

A usted también doña Meche, por siempre.


Tenga en cuenta
-Doña Meche alquila los vestidos con los que bailaba en la fiesta de San Juan.
-La “antigua moda” del baile de la pandilla era bailar con “el cántaro” en la cabeza, ahora se dan pellizcos y rozan las rodillas, danzando en círculos.
-Las pandillas están formadas por un promedio de 15 parejas.

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