16 julio 2006

Rata Blanca, una noche negra y tumultuosa

Viernes 14 de julio, el Festival Monstruos del Rock Sudamericano ha empezado. El plato fuerte es la banda argentina Rata Blanca y las miradas apuntan a su nuevo trabajo “La llave de la puerta secreta”. El Museo de la Nación –lugar del concierto- ya está caliente, una masa negra se concentra, mueve sus cabezas y espera.


“Son las diez de la noche, falta poco para que empiece”, le digo a mi compañero. La angustia sube al igual que las cervezas y la velocidad del taxi. Un cálculo, “siempre empieza tarde” nos decimos, sin embargo el temor a no hacer las sumas y restas exactas conmueven nuestro camino.

Rata Blanca en vivo una vez más. La cuarta vez que los veremos en Lima. La expectativa por su último disco, por el pasado. La noche del viernes promete.

Antes de ‘todo’ pagamos una penitencia de casi media hora en el taxi. El tráfico, la euforia y un motor recalentado no son la mejor combinación. Solo queda sonreír y esperar a que nuestro trasporte tome agua. Estamos a pocos metros.

“Ya no falta nada tío” sentencia el ‘eximio’ guitarrista Gino Carpio, quien me acompaña en esta aventura. Pero la voz de Barilari (cantante de la banda) nos alerta con horror. Rata Blanca ya está en el escenario, peor ya está tocando. Damos una vuelta en ‘U’ y ya está. Mucha gente afuera, lo usual, saludos a la ‘volada’ y a correr.

Ya dentro solo queda cantar. Abrazarse y levantar los brazos. Adrián Barilari termina la introducción y saluda a Lima, recuerda encuentros pasados y festeja esta nueva reunión. Se escuchan los ‘riffs’ y de nuevo al ruedo.

“Agord, la bruja que llegó hasta aquí. Busca cerebros para destruir. Miles de zombies son su corte hoy. Tontos que ya perdieron la razón. Y se disfraza de mil formas para ser alguien que puedas conocer, debes cuidarte...”

Sí, la clásica “Agord, la bruja” ha terminado de despertar a los más románticos y acaramelados fanáticos de la banda. Ya todos son brazos al cielo.

Canciones iban y venían y llega un nuevo himno festivo “Volviendo a casa” que con su fragancia ochentera -muy a lo Van Halen- pone a saltar a la gente. Canción entrañable.

Pero es con un ‘hit’ del pasado que nuestra sonrisa se engrandece. Es momento de mirar alrededor y observar la cofradía, de empujar a los amigos que te encontraste por casualidad. De recordar travesuras.

“Callejero, hoy seremos compañeros y amigos una vez más. Callejero, nuestros sueños nos convierten en amos de la ciudad…”. Sí, chicos callejeros, todos somos amos.

¿Cuánto puede soportar la garganta de un fanático, gritando -y en el mejor de los casos cantando- de manera tan intensa una, dos, tres canciones? Aunque no lo sepamos, es gratificante ver el intento por obtener la respuesta.

Y en el éxtasis llegarían “La canción del guerrero” y “El guerrero de arco iris”. Pero no todo era gratificante. Algunos problemas técnicos mellaban hace rato la voz de Barilari.

‘Guitar hero’. Por desgracia, la guitarra de Giardino se encontraba con mucho volumen, esto opacaba la voz de su cantante, quien visiblemente molesto pedía ‘retorno’, es decir que él no se escuchaba.

Aquí un punto aparte. Sabemos de la fijación que tiene Walter Giardino (guitarrista y líder de Rata Blanca) para con los ‘solos’ de guitarra. A veces, parece que fuera la banda de Giardino y no Rata Blanca.

Habría que comunicarle al señor que una banda son todos sus integrantes y que evite ser tan protagonista. Al menos fueron seis ‘solos’ de guitarra, una verdadera exageración para un guitarrista que –fuera de las grandes melodías que compone para la banda- es bastante ‘sucio’ a la hora de ‘solear’. Esto por desgracia evitó que muchos temas fueran tocados.

Sentencia. No es momento de caras largas, estamos frente a la ‘Rata’ y es deber disfrutarla.
Llegó el final de siempre, “Mujer amante” para desgarrar el pasado con todos sus fantasmas y para que los afortunados se abracen más fuerte que nunca. Pero no por mucho, un caballo negro se aproxima y consigo trae un designio, una leyenda que debe cumplirse.

Es hora de retroceder, de perdernos en un bosque. De caer hipnotizados por “La leyenda del hada y el mago”, de ser felices. Y a bordo de épica figura sentir que cualquier cosa puede pasar y está bien.

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