19 julio 2009

La sexualidad no se hereda ... ¿o sí?

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¿Qué pasa cuando una persona solo* sigue sus deseos? ¿Qué, cuando simplemente se entrega para sentirse bien? ¿Qué sucede cuando no hay remordimientos? ¿Puede la sociedad tolerar tanta libertad? Las neurosis sexuales de nuestros padres es una puesta que no pretende responder esas preguntas, al contrario, añade más. Va hasta el 25 de julio, de jueves a sábado a las 8pm. en el Goethe.

Está parada al lado de las verduras. Frotando incisivamente cada nabo, naranja, zanahoria. Como si de ello dependiera la libertad de los hombres. Sus ojos parecen perdidos -lo están- en alguna parte de su cuerpo, de su abrupta inocencia robada por fármacos y moral. De repente, levanta la mirada y sonríe, su ridículo jefe le pide un beso y ella se lo da: es feliz.

Se llama Dora, vende frutas y sufre de una extraña enfermedad que por mucho tiempo la convirtió en un mueble. Largos años en que la niña de cabellos castaños, rasgos "reales" y mirada inocente tan solo* existía, repitiendo frases hechas, aprendidas pero no aprehendidas. Respirando por la fuerza de su sistema inmunológico, pero sin sonreír, sin vivir.

Letargo que termina en el instante en que su madre decide que quiere volver a ver la sonrisa de su hija. Que desea saber sus miedos, deseos, opiniones. Que necesita ver quién es Dora. Para ello echa a la basura las indicaciones médicas y para con el suministro de medicinas.

Es entonces que la pequeña que solo* usaba pantalones y repetía frases como loro empieza a ponerse faldas, salir al mundo y conocer lo que hay en él. Descubre el sexo y, con la máxima ingenuidad (ingenio), gusta de él. Lo quiere repetir día y noche, a cada momento, con quien sea. No importa que le peguen, que le griten, engañen, humillen, mientan, laceren.

Ella por ratos se sentirá triste pero es feliz "tirando", quiere "tirar" para "ser feliz". Porque asegura "ser feliz" cuando tira, no importa si terminado el acto la botan de la cama, del depa, de la vida de esa amante. No importa si es su jefe, un vendedor de perfumes, su médico o su propio padre. No importa si no han pasado diez días de haber abortado.

No hay una puta razón para esperar. Dora necesita sexo y se pierde en ese indemne placer, en un parque (a pesar de las recomendaciones de su médico, quien parece más un amigo). De casualidad ve a su madre con dos hombres, uno de ellos su padre, dentro de una casa rodante. La mujer mayor está disfrutando de una nueva experiencia y, claro, no sabe que por casualidad Dora la está observando.

En la casa, Dora le hará mil preguntas, le demostrará su alegría ante tal espectáculo, le confesará que "nunca ha visto nada tan hermoso". Y solo* recibirá silencio, molestia, dolor. Porque una vez más la falsa moral reina en su hogar. Hay más, pero eso ya se los dejo a ustedes.

Las neurosis sexuales de nuestros padres tiene la firma del dramaturgo suizo Lukas Bärfuss, fundador -junto a Samuel Schwarz- del grupo teatral 400asa. Cuenta con la dirección de Marcelo Rivera y estará en escena hasta el 25 de Julio en el Auditorio del Goethe-Institut Lima (Jirón Nazca 722, Jesús María). Va de jueves a sábado a las 8pm, las entradas están en 25 y 15 soles en el mismo local y en Teleticket.

Ya aquí, me queda un punto muy importante: reconocer que a mí no me convenció la puesta. A pesar de lo leído en varios diarios (Perú.21 incluido) nunca vi la gran actuación de Wendy Vásquez y creo -como me sucedió en La noche árabe- que la puesta es muy ambiciosa, pero no consigue lo que quiere.

Pienso que no había necesidad de tanto 'calateo', que faltó darle fuerza a la relación con el padre y que nunca se sintió que los amantes se deseaban. Me parece que la obra se pierde en la buena (mala) intención, en esos hubieras que atacan a Dora, a sus padres y a nosotros mismos.

Pero no he leído el guión original y siempre soy subjetivo. Y, más importante aún, he visto que Las neurosis sexuales de nuestros padres es, aparte de interesante, valiente.

*nOtA: Me están reclamando que solo se escribe sin tilde, incluso para su acepción de solamente. Me han informado que ya hace varios años (8 creo) la RAE emitió este dictamen (mismo que no se ve reflejado en su web ¬¬) así que mientras no converse con doña Hildebrandt acerca de esto, obedeceré. Eso sí, dejo constancia que me llega...

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