03 junio 2006

Un debate entre ironía y fuerza

Aunque han pasado algunas semanas, habría que recordar lo que sucedió en el debate presidencial. las imágenes crean asideros más notorios, son como un flash. Estan retratan de alguna manera lo sucedido durante toda la campaña.

Podría ser un golpe a la democracia, de hecho lo es a la libertad de expresión. El último de los hechos que antecedieron el debate presidencial, fue el lastimoso incidente protagonizado por el nacionalista Daniel Abugattás, quien agredió a tres periodistas, minutos antes de empezar el debate. Sin embargo, esta no fue la única especia antes del debate presidencial. Hubieron muchos sazonadores. Lágrimas, 'petrodólares', 'mentadas de madre', visas caducas, Montesinos, Fujimori, curacas, grupos paramilitares, olvidos y pérdidas de memoria. Al parecer, hubo de todo.

Cuando la idea del cronocidio del debate rondaba las cabezas más entusiastas, hizo su entrada Ollanta Humala, líder de Unión Por el Perú (UPP), bastante más tarde de lo convenido. El debate empezó 8 y 20 de la noche, gracias a la tardanza del nacionalista.

Pero la primera imagen que queda en retina es la de Alan García a la izquierda, el moderador Augusto Alvarez Rodrich al centro y a la derecha un gran vacío. Al parecer su desacuerdo con Alejandro Toledo no es un tema de forma, ni de fondo, pero menos de horario.

García empezó con fuerza. Entre irónico y risueño le lanzó una indirecta a Humala. "Yo sé que los sanguches del Queirolo son muy ricos. Pero eso no amerita faltarle el respeto al Perú" en clara alusión a la tardanza del líder de UPP.

La segunda, el sinsabor que deja el deseo de Humala por utilizar la bandera nacional a su favor, a pesar de que las reglas del debate indican que ambos podios, el de Humala y el de García, debían estar vacíos. El moderador hizo el comentario al líder nacionalista, quien no recibió con beneplácito la aclaración, afirmando que "es la bandera nacional, acaso no debemos estar orgullos de llevarla". En todo caso, quizá llegó tarde buscándola.

Según Umberto Eco, "estamos hechos de gestos". Si el filósofo, escritor y semiólogo italiano hubiera estado aquí, se hubiera deleitado con el lenguaje no verbal de los candidatos.
Si bien Humala buscaba ser enérgico y tomar las riendas del debate, el tono de su voz se iba acrecentando mientras este avanzaba, para prácticamente terminar gritando. Atrás quedaron sus frases en 3ra persona (como cuando dice: "la embajada americana está en contra de Ollanta Humala) tipo cachascanistas del sábado por la noche.

O su respiración dosificada, como la que utilizó con Carlota. Cayó en errores garrafales como el de olvidar que el presidente del directorio de Televisión Nacional del Perú (TNP)ya no es Eduardo Bruce. Esto lo aprovechó García para corregirlo.

Más tarde, el aprista lo volvería a hacer en el tema de los presidentes regionales.
Pero García, acostumbrado a que las palomas se posen en su cabeza y no le dejen 'gracias' tampoco fue el 'Terminator' que gran parte de la ciudadanía esperaba. Si bien, claramente fue quien más propuestas hizo, no puedo evitar caer en ‘dimes y diretes’. Queda la sensación que pudo ser más arrollador y, que debió deslindar claramente el tema de Montesinos.

Pero "estamos hechos de imágenes" como la que creo Humala (hace ya varios día, hoy repetida) sobre los recursos naturales en comparación a la de un madre y su niño. O como su giro hacia García, al hablar de corrupción. Y otras cuando él mismo saca un libro, para citar directamente, pero se ve el poco manejo que tiene con esta 'herramienta'.La 'figurita'final, la de García y Humala en un apretón de manos fugaz. Al parecer, el nacionalista aprendió la lección que dejó Toledo. El 'abrazo del oso' no se repitió.
El precio del deber...

Aunque es cierto que hay una visible falta de identidad nacional, en el momento de hablar del cebiche, el pisco o el Señor de Sipán el patriotismo aflora de manera casi mágica. Pero ser peruano va más allá. Hay ciertos deberes que se tienen para con la patria y por ende para con los mismos peruanos.

Uno de esos deberes -al mismo tiempo derecho- ciudadanos, es el 'temido' trabajo de ser miembro de mesa. ¿Quién desea ser miembro de mesa? Muy pocos, es la realidad. ¿Los podemos culpar de anti-patriotas? Difícil.

Despertarse a las 6 de la mañana de un domingo, en el que ni los pajaritos quieren salir del nido -en el que posiblemente preferirían poner un CD en vez de ponerse a cantar- tomar una ducha fría y apresurarse a beber el café y unas tostadas. Caminar con el profundo deseo de que la neblina se vaya, hasta subir a una combi y llegar al establecimiento en que harán su papel.

Todavía no son las ocho, pero ya estás sentado. Esperando personas que seguramente están acurrucadas en su cama o tomando desayuno viendo los especiales periodísticos en TV, felicitándose de no ser tú.

Más tarde, tendrás que soportar que algún ciudadano no quiera manchar su dedito "porque no sale (la tinta)", discutirás con algunos miembros de tu mesa y te irás, en el mejor de los casos, once horas después.

Hasta aquí nada nuevo. Incluso se podría afirmar que esto es una tendenciosa dramatización de los hechos. Quizás. Pero ¿qué sucede cuando en un día que es muy largo la ONPE no cumple con darte lo mínimo, la comida?

Los últimos miembros de mesa no recibieron dinero alguno por el servicio brindado. La ONPE informó que no habían los recursos para hacerlo, que estábamos en austeridad. Pero de ahí, a no darles ni desayuno u almuerzo. Tres paquetes de galleta, dos jugos de 200 ml y cinco cocorocos no hacen un almuerzo. Tampoco un cereal bar el desayuno, o acaso ¿se creyeron el comercial?.

Hay miembros de mesa que llegan recién a las 11 de la noche a sus casas. ¿Es eso justo? Sin comer bien, haciendo gastos, teniendo que llegar a sus centros de labor, totalmente cansados, al día siguiente.

Viéndolo de esa forma, sería un poco difícil acusar de antipatriota a algún vecino, que se queje por su suerte. Más aún, sabiendo que en el Perú de hoy, no trabajar domingo es dejar de contar con un dinero muy necesario. Si bien es cierto que no se puede exigir un pago, aunque mínimo, tampoco se puede atentar contra los propios ciudadanos. Un tema de formas.